201
No sospeché que fueras vos. Tomábamos algo en una vereda cuando dijiste por accidente algo que me hizo recordarte. Tu disfraz de rubia de otro lado te sentaba bien, casi logras que no te reconozca. Antes siempre eras morocha y con la mirada un poco perdida. Veo que aprendiste a camuflarte.
Me encantaría saber si te costó mucho encontrarme. En esta ciudad somos hormigas y yo sé, porque me lo has dicho otras veces (aunque vos, rubia, no lo sepas), que me estoy poniendo difícil de reconocer. Que he cambiado, que ya no miro como antes, que ahora no te escucho. Una de tus antecesoras me dijo que “crecer es cambiar de gustos, y a mí no me gusta cambiar de gustos”. Lo has logrado. No has crecido.
Nos despedimos con un beso y un vago “en la semana hablamos”. Sabes bien que no lo harás. Porque tienes la duda si realmente fui yo, si no era una copia infiel. Si era realmente el hombre que buscabas.
Desapareceremos de nuevo en el ruido del día a día. Alguna más intentará encontrarme. A alguna más se lo permitiré. Hasta descubrir su disfraz, y después un hasta luego. Y así, año tras año, hasta que nos perdamos para siempre en la ciudad y solo quede de nosotros un recuerdo amarillo en un rincón de los pasados, de todos esos que estamos condenados a no ser recordados.
Me encantaría saber si te costó mucho encontrarme. En esta ciudad somos hormigas y yo sé, porque me lo has dicho otras veces (aunque vos, rubia, no lo sepas), que me estoy poniendo difícil de reconocer. Que he cambiado, que ya no miro como antes, que ahora no te escucho. Una de tus antecesoras me dijo que “crecer es cambiar de gustos, y a mí no me gusta cambiar de gustos”. Lo has logrado. No has crecido.
Nos despedimos con un beso y un vago “en la semana hablamos”. Sabes bien que no lo harás. Porque tienes la duda si realmente fui yo, si no era una copia infiel. Si era realmente el hombre que buscabas.
Desapareceremos de nuevo en el ruido del día a día. Alguna más intentará encontrarme. A alguna más se lo permitiré. Hasta descubrir su disfraz, y después un hasta luego. Y así, año tras año, hasta que nos perdamos para siempre en la ciudad y solo quede de nosotros un recuerdo amarillo en un rincón de los pasados, de todos esos que estamos condenados a no ser recordados.